chatarra_

 

Con el asesoramiento y apoyo del Observatorio de la ciudad, Juan Pablo Laterza, estudiante de Ingeniería Ambiental de la Universidad FASTA, realizó un Diagnóstico social de los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos  (RAEE) en la disposición inicial.

Entre los objetivos específicos del diagnóstico se identifican: conocer si la población distingue entre aparatos eléctricos y electrónicos; identificar qué tipo de artefactos obsoletos, sin funcionamiento o en desuso poseen en origen; caracterizar el comportamiento de los usuarios frente a la necesidad de descartarlos; precisar el tiempo y razones de la posesión de celulares en desuso y el grado de conocimiento respecto del daño ambiental que producen, entre otros.

Para llevar a cabo la investigación, se trabajó sobre una muestra constituida por 500 habitantes de Mar del Plata mayores de 16 años. El relevamiento de datos se realizó en diversos puntos de concentración en la ciudad entre octubre y noviembre de 2016.

A partir del  análisis e interpretación de los datos obtenidos en la muestra resulta que la notebook, el celular, la computadora y los televisores de tipo LED y LCD son los más reconocidos por los encuestados como artefactos electrónicos; le siguen el equipo de música, horno microondas y televisores de tubo. Por otro lado una minoría de la identifica incorrectamente a aparatos electrónicos como al velador, ventilador, cocina, estufa de cuarzo.

Respecto a la cantidad de equipos que disponen en los hogares en desuso se observa que la mitad de lo que poseen en sus hogares son celulares, hecho que se puede atribuir a una tasa de recambio más alta, debido a los avances tecnológicos y a los requerimientos operacionales; las tres cuartas partes incluye además las video-caseteras y los televisores de tubo.

En cuanto a cuál fue el comportamiento adoptado por quienes tuvieron que tomar la decisión de descartarlos, los datos indican que, en general, fueron dados a personas conocidas o donados; en menor proporción los sacan a la calle y sólo una minoría lo lleva a un punto de recepción preparado para ello, por lo que “es manifiesta la necesidad de concientizar respecto de esta cuestión”.

Considerando un análisis más profundo se observa que un 40% de la muestra tiene guardado un celular en desuso desde hace más de dos años y que los mayores de 51 años son quienes más sacan a la calle los artefactos de la línea blanca.

Además, los encuestados indican no descartar y depositar en la calle los celulares, sino que los guardan en sus hogares por no saber qué hacer con los mismos o para tenerlos de repuesto.

En general, más de la mitad de la muestra cree que el celular produce un daño al medio ambiente, y consideran que el suelo es la matriz más afectada. En tanto, hay un mayor reconocimiento del daño entre los 21 y 50 años, mientras que el mayor grado de peligrosidad media es atribuido a la batería y a los metales pesados.

En tanto, más de la mitad de la muestra considera que se pueden reciclar los celulares en desuso.

Ante la eventual existencia de un centro de reciclado de celulares el 62% de la muestra indicó que los llevaría, y un 22% sólo lo haría con un beneficio económico.

Investigación completa en www.ufasta.edu.ar/observatorio