La invasión rusa a Ucrania, casi dos meses de horror

Por Lic. Rafael Briano *

El 24 de febrero de 2022 el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin reconoció a las autoproclamadas “repúblicas populares” de Donestsk y Lugansk y anunció el comienzo de una “intervención militar especial” cuyo objetivo era “desnazificar” y “desmilitarizar” al estado ucraniano y “detener el genocidio de la población rusa” que habita la región del Donbass en Ucrania. En su extenso discurso adujo que esa decisión estaba respaldada por la Carta de las Naciones Unidas y que la población ucraniana no debía temer. 

Esa madrugada el mundo tomó consciencia que los ejercicios militares que las fuerzas rusas estaban realizando en Bielorrusia y Rusia, en la zona fronteriza con Ucrania, constituían el preámbulo a una invasión y que el derecho internacional iba a ser ignorado una vez más, como ocurrió en Irak 2003 o en los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia en 1999.

A casi dos meses vemos los resultados: violencia, muerte, masacres, destrucción, terror y una tragedia humanitaria de enorme magnitud (se estima que casi cinco millones de ucranianos han huido al extranjero) y cientos de miles han abandonado sus hogares para refugiarse en otras zonas del país.

En Rusia desde el inicio de la guerra han sido arrestadas alrededor de 15.000/20.000 personas por oponerse a la invasión y en varias ciudades se han realizado manifestaciones pacifistas (a pesar de estar prohibidas por el gobierno). Las bajas registradas en las fuerzas rusas y el desconcierto en un ejército que tiene poco claro los motivos por los cuales está en tierra ucraniana también han alimentado cierto descontento interno. Frente a esto, hace una semana Putin afirmó: «por un lado, estamos ayudando y salvando a la gente, y por el otro, simplemente estamos tomando medidas para garantizar la seguridad de la propia Rusia. Los objetivos son muy claros y nobles. El objetivo principal es ayudar a la gente en Donbass”. 

En una misma frase observamos cómo los poderosos pueden combinar argumentos “realistas” e “idealistas” para insistir sobre las razones de la sinrazón.

Algunas líneas sobre Putin y su “patriotismo”

Putin es, sin duda, la figura política más importante de la historia reciente de Rusia y ha estado en el poder, como presidente o como primer ministro, desde 1999 hasta la actualidad. Al terminar su mandato, en 2024, cumplirá casi un cuarto de siglo al frente del país más extenso de la tierra y, de acuerdo a la última reforma constitucional estaría habilitado para presentarse en las dos próximas elecciones presidenciales, es decir, en caso de ganar, recién en 2036 estaría abandonando el poder.

Putin se guía por una agenda “patriótica-nacionalista” basada en tres ejes: la rehabilitación de muchos símbolos del Estado soviéticos (la música del himno y algunos emblemas soviéticos) y el desarrollo de un patriotismo militarizado (a través de varias celebraciones patrióticas); la reivindicación de la victoria aliada sobre el fascismo en la Segunda Guerra Mundial, las victorias militares zaristas y la admiración del período Imperial y de varios autores anti comunistas y conservadores y, por último, la revalorización de la Iglesia Ortodoxa.

Su popularidad se debe en gran parte al hecho que supo responder a las demandas de estabilidad y, al mismo tiempo, cierta nostalgia por el poder imperial perdido. Su discurso nacionalista reavivó al patriotismo y prometió reconstituir el poder de una Rusia enfrentada a la hostilidad de “Occidente” y de sus vecinos. En cierto modo añora algunos aspectos de la URSS, pero desconfía profundamente del tipo de levantamiento popular que le dio origen. De hecho, hoy Rusia se parece más en muchos aspectos al tipo de país que hubieran construido los “Ejércitos blancos” si hubieran triunfado en la “guerra civil” contra los bolcheviques. El conservadurismo social de Putin, su uso de la Iglesia ortodoxa para otorgar legitimidad al gobierno y su intolerancia frente a la disidencia son una versión actualizada de la fórmula de la autocracia, la ortodoxia y la voluntad del pueblo de la era zarista. El hombre fuerte del Kremlin ha restaurado a la “Santa Rusia”: una sociedad donde el gobernante y la iglesia están unidos, donde la disidencia es traición y donde la policía se encarga de controlar el descontento popular. 

Al mismo tiempo, ha demostrado una gran capacidad para amalgamar la identidad cristiana y el orgullo por la derrota que Stalin infligió a los nazis durante la “Gran Guerra Patriótica” (como oficialmente se conoce a la Segunda Guerra Mundial en Rusia). Al mismo tiempo ha conseguido una fusión sólida entre cristianismo ortodoxo y nacionalismo eslavo. En cierto modo, está reconstruyendo la Rusia zarista sin prescindir del orgullo soviético. La ideología de Putin es conservadora en los social y político, y nacionalista en la esfera internacional. Pone el acento en el aspecto social y comunitario del Estado, contrarrestándolo con el individualismo que, según él, prima en occidente. Su principal base de poder han sido las elites más tradicionales y conservadoras. En los últimos años ha perdido el apoyo de la elite rusa más liberal de Moscú y San Petersburgo, con lo cual ha terminado construyendo su poder en base al apoyo que tiene en las zonas rurales.

Desde su concepción “occidente” se presenta una vez más como un adversario ante el cual defenderse. A decir verdad EEUU y la OTAN han hecho mucho para fomentar esta percepción de “fortaleza asediada” y algunos nostálgicos de la “Guerra Fría” no han cambiado su enfoque geopolítico. La prueba más clara es la ampliación hacia el este de la alianza militar liderada por EEUU y la inclusión en ella de países que durante la “Guerra fría” formaban parte de la órbita soviética. 

 

¿”Desnazificando” a Ucrania?

Desde inicio del siglo XXI Rusia ha ido reconstruyéndose y lentamente recuperó un papel relevante en el escenario internacional. Desde fines de los 90´hasta el día de hoy realizó intervenciones militares en Chechenia (para exterminar al “yihadismo” separatista), algunos países de la ex URRSS (Georgia, Kirguizistán, Kazajistán y Ucrania) y en Medio Oriente (Siria).

De 2001 a esta parte el sistema internacional se ha modificado debido al ascenso de nuevos actores, sobre todo China, y la hegemonía estadounidense da muestras de sus limitaciones (el abandono de Afganistán en manos del Talibán luego de veinte años de ocupación es una muestra cabal de esto). A pesar de estas transformaciones el “multipolarismo realmente existente” proclamado por Rusia y China todavía no se ha visto plenamente reflejado en la arquitectura institucional mundial.

La tragedia ucraniana es, en cierto modo, una consecuencia más del colapso de la Unión Soviética pero también tiene raíces más profundas en la historia. Para Putin “Rusia y Ucrania son un mismo pueblo” y «nunca tuvo una tradición de Estado genuino» sino que fue «creado» por Rusia. Sin embargo, desde la disolución de la URSS en diciembre de 1991, Ucrania ha sido reconocida internacionalmente como un país independiente y nadie había puesto en duda su integridad territorial hasta la anexión rusa de Crimea en 2014. 

Lamentablemente las conversaciones de paz para poner fin a la guerra están en un «callejón sin salida” y Rusia aduce que Ucrania y Occidente acusan «falsamente» a las fuerzas militares rusas de cometer “crímenes de guerra”. Los estragos cometidos por los invasores son innegables y la brutalidad de una guerra civil entre ucranianos que comenzó hace 8 años ha derivado en un conflicto internacional en territorio europeo.

Al cerrar esta breve columna leemos que la ciudad portuaria de Mariupol está a punto de caer en mano de los invasores y sus aliados  separatistas luego de semanas de asedio . Hace algunas semanas las fuerzas armadas rusas modificaron su estrategia luego de fracasar en su intento de tomar Kiev o lograr que, mediante un golpe de estado, los militares ucranianos depongan al presidente Zelensky y negocien la paz directamente con el Kremlin. De este modo toda la maquinaria de guerra del invasor está concentrada el este y sur ucraniano.

Falta poco para saber si el líder ruso logrará controlar militarmente la zona del Donbass antes del 9 de mayo. El objetivo de Putin es celebrar el “Día de la victoria en la Gran Guerra Patriótica” vanagloriándose de haber obtenido otra “victoria contra el fascismo”, con todo lo absurdo y siniestro que implica tratar de explicar lo que sucede en Ucrania por estos días de esa manera.

El autor es Docente titular de Análisis de la Información Internacional en la Licenciatura en Comunicación Social de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la UNIVERSIDAD FASTA