1,2,3… disparen y… narren

Por Prof. Ricardo L. Aiello *

La trampa está echada. No podemos escapar del storytelling. Si -al decir de Nietzsche- no hay hechos sino interpretaciones, estamos atrapados por ellas. En estos vientos 2.0 o 3.0 de las redes, y ante hechos más bien nimios o banales (al menos en su mayoría), el variopinto panorama de los relatos (que tiene como causa cierta lejanía con el hecho primigenio) puede verse como una forma más del entretenimiento o del ocio; muchas veces, esas interpretaciones/relatos se materializan en forma de figuras más humorísticas, como por ejemplo el meme. Ahora bien, otra es la historia (y resaltemos con fuerza y atención la palabra historia) cuando el hecho es una guerra, un conflicto bélico entre dos países. 

A fines de febrero del corriente año 2022, Rusia invade Ucrania. Como corolario de un antiguo conflicto, que tuvo su punto álgido en el pasado 2014, Putin ordena que las tropas de su país entren al territorio vecino, decidido a zanjar por fin las diferencias. Ya las causas de esta acción militar habían entrado en el juego narrativo del storytelling: por un lado, se hablaba de la fiebre megalómana de Vladimir Putin; por otro, se justificaba la ofensiva aduciendo que hay que evitar la expansión de la OTAN hacia el este. Incluso hay más: los movimientos previos de las tropas en la zona de la frontera se explicaron desde los dos lados de la moneda/narración, o eran meros ejercicios militares de rutina o eran ya los pasos previos a la invasión. 

Se sabe que en toda narración, desde el punto de vista programático, deben existir unos elementos mínimos. Allí aparecen las acciones y los protagonistas

Vladimir Putin y Volodímir Zelensky (una figura en meteórico ascenso que supo usufructuar su condición de actor y animador televisivo), se presentan como protagonista/antagonista (usted decide, lector, quien encaja mejor con cada rol actancial, si atendemos que el protagonista generalmente está del lado de los llamados buenos o héroes). Y las acciones se nos muestran como fragmentos, como imágenes-recortes de la realidad. Es que, se sabe, la imagen es un encuadre arbitrario, subjetivo y cargado de ideología. Es también un relato, un storytelling. Si tenemos la fortuna de acceder a la escena de la guerra desde la lejanía, estamos sometidos también a este tipo de constructos. Parte de una ciudad destruida, una estación de trenes bombardeada, una ojiva de misil que aparece en medio de casas destrozadas. Todo puede ser parte del relato, hay que aceptarlo. 

Desde la propia concepción epistemológica de la Historia como disciplina, no son pocos los ensayistas y teóricos que la definen como una narración. Horacio Vázquez-Rial sigue esta línea y advierte que, como tal, está cargada de la ideología y subjetividad de su narrador. Volvemos a marcarlo: no podemos escapar del storytelling.

Creo que en este punto, y ante la gravedad de la invasión rusa de estos días, es dable analizar la cuestión (que no es sólo semántica)  en los términos diferenciales que el idioma inglés sabiamente propone: dentro de esta storytelling, no hay sólo story, también hay History. Estamos escribiendo las próximas páginas de los grandes manuales de historia, estamos edificando los cimientos del edificio de la historia universal de los tiempos venideros. Señoras y señores: un misil mata y destruye, un tanque destroza todo a su paso. No admitamos sólo el relato o que él no nos divida. Que la compasión y la acción para evitar estos crímenes vaya más allá de esto, que superen el relato. 

Recuerdo esas imágenes que llegaron a mi retina: el presidente Putin, con un amplio abrigo invernal, habla para sus adeptos, ya iniciada la ofensiva. En una americana puesta en escena 360 persuade a los ya persuadidos, a aquellos en los que su storytelling ya hizo efecto. La otra, en forma de secuencia: el joven presidente ucraniano Zelensky pasa de un rostro terso y despreocupado a un primer plano con incipiente barba, desprolijo y desencajado. Ambos saben del valor del relato. 

¿Dónde quedan los hechos, entonces? Sólo las verdaderas víctimas lo saben. Para ellos, el storytelling es algo cada vez más lejano. La muerte y el dolor les impiden este análisis. 

 

* El autor es docente de Narración Audiovisual en la Licenciatura en Comunicación Social de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad FASTA