La llegada del verano y las altas temperaturas pueden representar un riesgo para la salud si no se toman las medidas de precaución adecuadas. En este contexto, la hidratación y la alimentación cumplen un rol fundamental para afrontar el calor de manera segura.
Para conocer la importancia de la hidratación y una alimentación adecuada en climas calurosos, conversamos con la Nutricionista y Docente de la carrera en la Licenciatura en Nutrición de la Universidad Fasta, la Lic. Micaela Penna.
En este sentido, Penna comenzó explicando por qué la hidratación es fundamental: “en situaciones de calor, el cuerpo pierde una mayor cantidad de líquidos a través del sudor, un mecanismo clave para regular la temperatura corporal. El agua cumple funciones esenciales: regula la temperatura corporal, transporta nutrientes y oxígeno, facilita la digestión y la absorción de los alimentos, participa en la eliminación de desechos a través de la orina y el sudor, y mantiene un volumen sanguíneo adecuado. Una hidratación insuficiente afecta el rendimiento físico y cognitivo, y puede comprometer la salud, especialmente en contextos de altas temperaturas”.
En base a la cantidad de agua recomendada durante los días de calor extremo, Penna aclaró que no existe una indicación única válida para todas las personas: “la necesidad de agua depende de múltiples factores como la edad, el peso corporal, el nivel de actividad física, la temperatura ambiental, la humedad, el estado de salud y la presencia de pérdidas aumentadas, como la sudoración intensa, la fiebre o la diarrea”.
“Como referencia general, en días de mucho calor puede ser necesario incluso superar los dos litros diarios, pero lo más importante es fraccionar el consumo a lo largo del día y no esperar a tener sed, ya que la sed es un signo tardío de deshidratación. En personas físicamente activas o expuestas al calor durante varias horas, las necesidades pueden ser mayores” explicó.
En relación con la alimentación, Penna destacó que además del consumo de agua, existen alimentos que contribuyen a una correcta hidratación: “en verano conviene priorizar frutas y verduras de estación con alto contenido de agua como sandía, melón, frutilla, uvas, arándanos, durazno, pepino, tomate, lechuga y zucchini”.
Además, afirmó que estos alimentos no sólo aportan agua, sino también vitaminas, minerales y antioxidantes fundamentales para el buen funcionamiento del organismo y agregó: “las preparaciones frescas como ensaladas, frutas enteras, licuados y comidas livianas son grandes aliados durante esta época del año”.
Al respecto, Penna señaló la importancia de aumentar la ingesta de líquidos a lo largo del día y ofrecer agua de manera frecuente, especialmente en bebés, niños, personas embarazadas, en período de lactancia y adultos mayores. En estos últimos grupos, remarcó la necesidad del acompañamiento, ya que muchas veces no registran o no manifiestan la sensación de sed.
En el caso de los bebés menores de seis meses que reciben lactancia materna exclusiva o fórmula infantil, la especialista aclaró que se debe ofrecer el pecho o el biberón con mayor frecuencia, y enfatizó que no debe administrarse agua antes de los seis meses de vida.
Para los bebés mayores de esa edad que ya iniciaron la alimentación complementaria, explicó que la leche materna o la fórmula continúan siendo la principal fuente de nutrición e hidratación, aunque ya puede incorporarse agua segura.
Asimismo, recomendó priorizar siempre el consumo de agua potable segura. En zonas donde no se cuenta con agua de red confiable, sugirió utilizar agua hervida, filtrada o envasada, tanto para beber como para la preparación de alimentos.
En cuanto a la alimentación, Penna aconsejó no saltarse comidas, aun cuando el apetito disminuya a causa del calor. Además, mencionó la importancia de: “extremar las medidas de higiene y conservación de los alimentos para prevenir enfermedades transmitidas por alimentos, cuya incidencia aumenta durante el verano”.
Para finalizar, la Nutricionista advirtió sobre las principales señales que pueden indicar deshidratación: “la sed intensa, la disminución de la cantidad de orina o su coloración oscura, la boca seca, el cansancio, los mareos, el dolor de cabeza y la debilidad”.
“En el caso del golpe de calor, pueden aparecer síntomas más graves, como aumento de la temperatura corporal, piel caliente y enrojecida, confusión, náuseas, vómitos, calambres, desorientación o incluso pérdida de conciencia” apuntó.
Ante la presencia de cualquiera de estos síntomas, especialmente en niños, personas mayores o personas con enfermedades crónicas, Penna remarcó la importancia de consultar de inmediato con un profesional de la salud, ya que puede tratarse de una urgencia médica.
The post La importancia de una buena hidratación y alimentación en climas calurosos appeared first on UFASTA Noticias.
