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Por primera un marplatense fue ungido obispo de la Diócesis local. El elegido es el sacerdote Gabriel Mestre, que hasta el mes pasado era el vicario general de la Catedral, quien pasó gran parte de su vida personal y confesional en la ciudad.
En una emotiva y cálida ceremonia, el nuevo pastor de la Iglesia marplatense fue ungido como el séptimo obispo de la Diócesis de Mar del Plata y el primero nacido en la ciudad que fue consagrado como tal. Fue celebrada el sábado 26 de agosto en la Catedral de Mar del Plata por el obispo emérito Antonio Marino acompañado por sus antecesores, José María Arancedo y Juan Alberto Puiggari.

Con la participación de 130 sacerdotes de la Diócesis de Mar del Plata, 20 obispos y el cardenal argentino Leonardo Sandri, que ingresaron al templo seguidos por el obispo saliente, Antonio Marino, y el padre Gabriel Mestre, comenzó la ceremonia. La misma contó con la participación de autoridades municipales encabezadas por el intendente y distintas personalidades marplatenses. Además, estuvieron presentes el Gran Canciller de la UFASTA Fray. Dr. Aníbal Ernesto Fósbery y el Vicerrector de Formación, Pbro. Dr. Néstor Alejandro Ramos.

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Mestre, es el primer marplatense ordenado para ser obispo de Mar del Plata y el más joven con 48 años. “Fue una gran sorpresa porque es novedoso que quede en el mismo lugar dónde era sacerdote”.
La misión implica “una gran responsabilidad y espero responder como Dios quiere a las expectativas que tiene nuestro pueblo marplatense, en primer lugar a los cristianos católicos de quien soy el pastor directo, y después buscando hacer un aporte positivo en la verdad, la justicia, el compromiso en el ámbito de la sociedad civil”, aseguró.

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Marino señaló que una vez concluida la ceremonia “mi misión estará cumplida y también mi gozo por haberme permitido el Señor ejecutar el mandato del Santo Padre Francisco de constituirte como mi sucesor”.
Y le expresó su “público reconocimiento y gratitud por tu fiel servicio hacia mi persona hasta el día de hoy en que el Señor te confía una misión más comprometida”. Los aplausos marcaron el final de la homilía y el inicio del rito de ordenación.
Así, Antonio Marino -acompañado por Juan Alberto Puiggari, José Maria Arancedo, Ramón Dus y Joaquín Sucunza- le impusieron las manos y el flamante obispo pronunció la plegaria correspondiente postrado boca abajo mientras se producía el canto de la letanía de los santos.

Luego se procedió a la entrega de los símbolos: el santo crisma; el libro de los Evangelios Palabra del Señor; el anillo episcopal; la mitra y, por último, el báculo pastoral que es el signo por excelencia del buen pastor.

A medida que el flamante obispo iba recibiendo los símbolos de su función, los fieles aplaudieron hasta que Mestre se sentó en la cátedra convirtiéndose en obispo y generando un ovación entre todos los presentes.

 

La continuidad de la misa estuvo a cargo de Mestre, quien agradeció a todos los presentes, tanto fieles como sacerdotes y obispos, recordó al Papa Francisco, y esbozó el camino a seguir en su nueva función.
“Mis ejes serán: la acción de gracias; la proyección pastoral, teniendo en cuenta las diversas y acuciantes realidades como un desafío pastoral de unidad y renovación, y el compromiso, como sucesor de los Apóstoles. Oren para que lo sea. Mi lema es ‘Cristo es nuestra paz’”, señaló el flamante obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Mestre, al dirigirse a los fieles minutos antes de finalizar la misa que lo consagró como guía de la Diócesis local, y que se celebró ayer en la Catedral.

 

Más sobre Mons. Gabriel Mestre

Gabriel Mestre es hijo de una familia cristiana católica no practicante. Él descubrió su fe religiosa a poco de haber terminado el secundario en la entonces ENET Nº1 y de cursar un año de Servicio Social en la universidad local.
A los 15 años se reincorporó a la vivencia de la fe y realizó el curso de confirmación en la Catedral de Mar del Plata. Luego participó en el grupo juvenil que misionaba en la villa de Paso y Güemes enseñando catequesis.

Mestre emigró a La Plata, donde cursó 8 años en el seminario hasta ser consagrado y designado como Vicario Parroquial de la Catedral cuando José Maria Arancedo era el obispo. Poco después volvió a mudarse, esa vez a Buenos Aires, para realizar un postgrado en Sagradas Escrituras.
Nuevamente de regreso en su comarca natal, pasó un tiempo más en la Catedral hasta que Arancedo lo nombró párroco en la capilla de la Asunción de la Virgen, dónde permaneció durante 7 años y medio.
Ya la Diócesis local estaba dirigida por Juan Alberto Puiggari cuando lo nombró párroco y representante legal del colegio de la parroquia de Villa Gesell, dónde permaneció dos años “intensos”, según su definición.
Cuando monseñor Antonio Marino fue designado obispo en la ciudad, le pidió que vuelva para ser el Vicario General y párroco de la Catedral, tarea en la que se desempeñó hasta hace un mes cuando le dieron la buena nueva.

El Partido de General Pueyrredon cuenta con 51 parroquias, de las cuales algunas tienen más capillas que otras. También son parte de la Diócesis 9 partidos del sudeste de la provincia de Buenos Aires: Madariaga, Pinamar, Villa Gesell, Mar Chiquita Balcarce, General Alvarado, Lobería y Necochea.